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No enjaulen a los banqueros

Los banqueros de inversión probablemente se han hecho merecedores de muchos castigos de tipo medieval y bíblico, pero tengo que salir en su defensa cuando se les quiere echar la culpa de la crisis financiera y convertirlos en una piñata.

Había estado tratando de evitar comentarios sobre la crisis para no aburrir a los lectores de este blog que ya deben leerlos por todos lados, pero gracias a un comentario que hizo a mi post anterior mi amigo Augusto Townsend, finalmente tengo una buena excusa para  hacerlo.

En su comentario Augusto se pregunta si la abundancia de capital del período pre-crisis no llevó a que se relajaran los criterios para evaluar inversiones y por lo tanto se cometan los excesos que hoy pagamos. No sé si a sabiendas, pero Augusto presentó el argumento que gente como el Nóbel de Economía Joe Stiglitz y el columnista del Financial Times Martin Wolf manipulan para caracterizar a todo el sistema financiero (sobre todo a los bancos de inversión) como una sarta de irresponsables que crearon un bacanal con plata que les llovía del cielo, invirtiendo en cualquier negocio mamarachiento. 

Ganas no me faltan a mi de rajar de los banqueros de inversión y he tratado de disuadir a casi todos mis amigos del MBA que quieren seguir ese lado oscuro de la fuerza. Pero lo que está ocurriendo no es su culpa, porque la abundancia de capital no relajó los criterios de inversión, y si algún banquero de inversión hizo un bacanal fue porque siempre tuvo afán de vedette, no porque haya sido desbordado con toda la plata que le llegaba.

Lo que determina si un negocio vale la pena o no es si puede producir retornos por encima de los que ofrece una alternativa de igual riesgo. Si alguien me ofrece invertir en una empresa minera, la única forma que tengo de saber si es un buen negocio o no es calcular si ganaría más en esa empresa que comprando acciones de Buenaventura o de alguna otra minera listada en la bolsa. Si ganaría lo mismo, mejor compro las acciones en la bolsa y me olvido del problema.

Ese es un critero universal que no cambia con las circunstancias económicas o financieras. Lo único que cambia es la base de comparación. Si hay abundancia de capital por pura oferta y demanda los retornos al capital tenderán a bajar (el capital se hace más barato). Por eso, el retorno que le exijo a un negocio para considerarlo atractivo sería menor, porque la alternativa de igual riesgo rinde menos.

Pero eso no significa que estoy subestimando el riesgo de que el negocio sea malo. El riesgo siempre es un concepto relativo, algo es riesgoso en comparación con otra opción, y si los retornos al capital son más bajos en toda la economía, entonces incluso a los negocios riesgosos les tendré que exigir una menor compensación.

En este punto algún lector suspicaz dirá "aguanta, aguanta, ¿me vas a decir que no se hicieron malas inversiones en los últimos años?". Para nada, se hicieron malas inversiones, pero no por causa del exceso de liquidez, sino por la ausencia de información para evaluarlas.

Para evaluar un negocio se necesitan solo dos cosas: saber cuánto dinero va a generar para los accionistas a lo largo de su vida, y cuánto rinde la alternativa de igual riesgo. Es decir, el retorno y la comparación.

El problema es que fallas institucionales en los bancos, ocasionadas por conflictos de incentivos (que no voy a describir porque por sí solos darían para un post largo) dieron lugar a que los inversionistas no contasen con información correcta para evaluar el retorno y el riesgo de los activos que adquirían, por eso compraron una cosa pensando que era otra. 

En mi opinión (y esto es muy discutible) esos conflictos de incentivos fueron causados por la regulación.

Pero independientemente de la causa, debería quedar claro que se equivocan los comentaristas que dicen como si fuese una verdad de perogrullo que hay que regular y supervisar más al sistema financiero. Tener a los banqueros en una jaula legal y a un regulador parado al lado vigilando a los inversionistas que le tiran comida a las bestias funciona sólo si se se cree que el problema es la naturaleza peligrosa de los propios banqueros.

Si el problema es uno de incentivos, entonces hay que rediseñar las instituciones y cambiar las reglas. Hasta aquí llegué con la crisis financiera.

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