Prohibido

"Avatar": Avatares para definir la propiedad.

El presente post cuyos autores son Alfredo Bullard y Cecilia O'Neill, fue originalmente publicado en Enfoque Derecho (www.enfoquederecho.com)-

La ficción futurista de James Cameron, director y guionista de Avatar (http://www.avatarmovie.com/index.html), repite un argumento que ha tomado miles de formas en la historia del cine: la contraposición del débil, natural, ambientalista, místico, espiritual y desinteresado, representando el bien, frente al fuerte, empresarial, capitalista, rico, materialista e interesado, representante del mal. La creación de un universo imaginario (idioma extraterrestre incluido), y el impresionante ropaje visual y tecnológico con el que se ha vestido el relato,  no cambia la esencia de los personajes y la base de la trama. La batalla es desigual. El abuso genera la indignación del espectador, que sufre con impotencia los resultados iniciales de la lucha entre el grande y el pequeño, y alimenta un deseo de venganza y revancha que espera llegue a satisfacerse con la victoria de los débiles.

En síntesis, la película cuenta la historia de los habitantes del planeta Pandora, unos nativos humanoides azulados que han llegado a alcanzar un asombroso nivel de integración con la naturaleza, que es a la vez su hábitat y deidad. Los seres humanos, que aparecemos como los extraterrestres invasores, estamos maquiavélicamente representados por una poderosa empresa minera que, para explotar un valioso mineral que se encuentra en el planeta, debajo de los pies de los pandorianos, no tiene escrúpulos en contratar a soldados mercenarios dispuestos a matar a quien se interponga para evitar que florezca el negocio.

Quizás eso explica la elección del nombre del planeta cuyos habitantes son víctimas de los abusos humanos: “Pandora”. Aunque no hay una explicación coincidente sobre su significado, algunos sostienen que Pandora, creada por Zeus, abrió un ánfora que contenía todos los males y por tanto liberó todas las desgracias humanas. Una pena que la cerró precisamente antes de que salga la esperanza.

Los avatares son cuerpos artificiales, creados con ingeniería genética, que permiten colocar la mente de los terrícolas en el cuerpo de los alienígenas pandorianos (en un recurso similar y claramente inspirado en The Matrix). De esa forma los terrícolas invasores llegan a conocer la cultura de los nativos, sus costumbres y sus intenciones. Los avatares son el resultado de la mezcla de un proyecto científico y un acto de espionaje e infiltración.

Es interesante la fuerza simbólica del personaje principal (que en realidad se convierte en dos), pues refleja el conflicto presentado por el director: se trata de un veterano de guerra, que no por minusválido deja de ser ambicioso, que acepta estar del lado de las fuerzas del “mal” (los empresarios) pero al que se le crea un alter-ego, un avatar con la forma física de un nativo alienígena que convive con la pureza natural de la tribu. Curioso que el antihéroe sea un minusválido, pues al adoptar la forma física de un ágil nativo redime sus propias limitaciones y se reconcilia con su cuerpo.

Este personaje dual representa el conflicto entre la deleznable ambición capitalista y un comunismo primitivo y puro, que previsiblemente (porque Cameron y el estereotipo así lo mandan) se resuelve a favor del último.

La historia está presente en películas de todas las épocas y géneros: “Tiempos Modernos” de Chaplin, que retrata las condiciones desesperadas de empleo derivadas de la industrialización y producción en masa;  “La Estrategia del Caracol” de Sergio Cabrera, que cuenta la historia de los ocupantes precarios a quienes el dueño bota de su casa;  las batallas de los Jedis en Star Wars; la insensible empresa que sacrifica a su tripulación para capturar a los “Alien”; “La Corporación”, documental que analiza la conducta social de las empresas usando criterios psiquiátricos aplicables a los individuos.

En fin, la misma estructura dramática –y lo que es más importante- el mismo trasfondo temático se repite una y otra vez. Muchas veces con buenos resultados artísticos, pero muchas más veces con buenos resultados en taquilla. Total, si se quiere cautivar al público masivo, nada mejor que el maniqueísmo para ser reproducido en pantalla.

Y es que son muy raras las películas en las que el empresario o el individuo emprendedor es el héroe de la historia. Quizás “El Manantial” de King Vidor, basada en el libro y el libreto de Ayn Rand, sea una de las pocas excepciones que confirman la regla. Historias con empresarios como héroes no parecen muy atractivas ni creíbles, al menos en la pantalla grande.

En la fórmula común, de la que Avatar es tributaria, el juego de la inversión empresarial se presenta como uno de suma cero, pues si la minera invasora del planeta “Pandora” gana dinero, es porque los nativos del planeta pierden sus tierras, su medio ambiente y su futuro. Unos ganan y otros pierden. El mensaje está muy lejos de la fórmula win-win, en la que todos los involucrados pueden ganar del intercambio.

Parece que en la percepción humana, en base a las cuales los cineastas trabajan sus historias, los juegos de multiplicación o win-win (esenciales a la lógica de mercado) son difíciles de percibir como tales y los directores de cine son conscientes de esa dificultad. Alguna teoría de la psicología de masas debe haber para explicar por qué impactan mucho más las historias con antagonistas tan opuestos que obligan al espectador a aliarse con uno de ellos y tomar partido por su causa. A lo mejor tiene que ver con la necesidad de vivir historias fantásticas que sin dejar de ser verosímiles, nos permitan escapar de la vida real, que como todos sabemos, está llena de grises. Preferimos y captamos mejor los juegos de suma y resta, de operaciones matemáticas más simples, en las cuales lo que uno gana es indefectiblemente el producto de lo que el otro pierde. La justicia en las películas suele ser redistributiva, aunque la vida real no necesariamente lo sea.

Por supuesto que Cameron tiene derecho de hacer lo que hace. Para eso es el autor de la obra, el dueño de la historia y puede libremente expresar sus ideas. Interesante que para crear al villano no tenga que construir un monstruo extraterrestre o invocar al opositor político del momento (en su momento los temibles soviéticos post guerra fría, y ahora los salvajes árabes post 11 de setiembre). La cosa es más simple: basta con un empresario, que supuestamente es malvado por definición. Como no podía ser de otra manera, para profundizar el efecto los nativos extraterrestres, privados de sus tierras, tienen que ser ingenuos, primitivos y llenos de ideales altruistas, sin ambiciones materiales y ligados a la naturaleza por una especie de religión, parecida a la Fuerza de Star Wars.

Esos son recursos válidos a ser usados por el relator de una historia. Finalmente es legítimo poner cicatrices a los piratas (o al coronel mercenario de Avatar), o hacer guapos a los héroes y hermosas a las heroínas si quiero dejar claro a qué bando pertenece cada uno. Ojo, en Avatar sólo hay dos bandos: el de los buenos y el de los malos. El problema es que esos estereotipos tienden a generalizarse hasta llevarnos a creer que la bondad y la belleza van tan de la mano como la maldad y la fealdad. Pero sabemos que en el mundo real eso no se cumple y es probable que no haya ninguna relación estadísticamente demostrable entre feos y malos o entre lindos y buenos.

Empresarios malos y nativos buenos es un esteriotipo igualmente artificial. Hay mineras que merecen tener a sus funcionarios presos, y hay otras que actúan responsablemente conciliando la legítima generación de riqueza con el respeto al medio ambiente. También hay nativos que merecen ir a la cárcel (si no, recordemos lo que hicieron a los policías en Bagua) y otros que pueden llevar a cabo actos tan heroicos como los del personaje central de Avatar (en su rol de nativo).

En el mundo real las cosas no son tan simples como se plantean en Avatar (no por eso deja de ser una película recomendable). Lo bueno y lo malo provienen de estructuras institucionales más complejas, demasiado difíciles de explicar si se quiere lograr un éxito de taquilla. Una herramienta para entender esas complejidades es el Derecho. Y precisamente Avatar nos podría mostrar (e indirectamente nos muestra) lo importante que puede ser el Derecho. Avatar dibuja, a fin de cuentas, un mundo en el que la propiedad privada está ausente. No nos animamos a decir que en Pandora no hay Derecho con mayúsculas, pero sí creemos que no hay derecho con minúsculas (al menos, a la propiedad privada). Y como suele ocurrir con las guerras externas, el sistema jurídico no sirve para resolver el conflicto, de modo que la atribución de los recursos depende enteramente del uso de la fuerza y de cómo se resuelve el dilema entre invasores e invadidos y entre vencedores y vencidos.

Los nativos alienígenos carecen de propiedad sobre sus tierras, como los empresarios de titularidad para tomarlas. Surge el tantas veces repetido conflicto entre la propiedad de la superficie y los yacimientos minerales que se encuentran en el subsuelo.  Y el conflicto surge sin regla legal que nos diga cómo resolverlo. En el mundo ficticio de Cameron la solución legal no existe. Pero esa no es su culpa. Si la hubiera creado se quedaba sin libreto, sin historia y sin éxito de taquilla. Hubiera sido muy aburrido filmar una negociación para definir si los pandorianos venden sus tierras y el derecho a explotarlas. Este tipo de finales felices son demasiado aburridos para películas de alto presupuesto.

Avatar, con su brutal conflicto entre la ambición empresarial y el ambientalismo naive de los residentes de Pandora, permite al ojo observador descubrir que en ese planeta el Derecho podría evitar una guerra tan sangrienta e inconducente. La primera alternativa jurídica para resolver el problema es la que existe en el Perú: los recursos naturales son patrimonio de la Nación, lo cual explica que, por ejemplo, el Estado celebre contratos de licencia para explotar hidrocarburos o imponga servidumbres forzosas para propiciar proyectos mineros. Asumamos que esta solución no es la óptima, pues lo lógico sería que quien es dueño de sus tierras lo sea también de lo que está abajo, sean piedras o gas, como ocurre en un sistema como el anglosajón, en el que el dueño de la superficie lo es también de los recursos naturales que se encuentran en su territorio.

El siguiente paso será entonces imaginar una solución alternativa. Ésta podría ser que en Pandora (como en el mundo real) los nativos fueran propietarios de la tierra que ocupan, con todo lo que hay bajo ella, de modo que la minera tendría que negociar con ellos su uso u olvidarse de su proyecto. No habría forma de tomar las tierras de las comunidades sin su consentimiento o con artilugios legales. Si sus valores ancestrales y su unión con la naturaleza lo justifican, nada los llevará a vender. Usamos “vender” como término de referencia para el intercambio, pero evidentemente, el pago de un precio en dinero no necesariamente será la moneda de cambio para la transacción win-win.

Acá empiezan las discrepancias entre los autores de esta nota (sobre las que por razones de espacio no podemos profundizar). Para Alfredo, si los valores ancestrales y su comunión con la tierra justifican la negativa a la venta, los nativos no van a vender. Y eso estaría bien. El Estado estará allí para proteger esa legítima opción. La minera no hubiera tenido que contratar mercenarios, sino negociadores. Y reglas claras –y ejecutables- hubieran reducido los costos de transacción para vender o para quedarse con sus bienes. Pero como no hay propiedad, el atropello no tiene sanción.

Nada más lejos de lo que ocurre en el Perú, donde el Estado, reconociendo la propiedad de las comunidades nativas, ha “expropiado” el subsuelo que naturalmente les debería pertenecer, atribuyéndolo a la Nación. Por tanto puede forzar (ya no con armas sino con leyes) a que los propietarios de la superficie permitan la explotación, en contra de su voluntad, de los recursos que se encuentran sobre o debajo de sus tierras. Allí el conflicto en Avatar se parece al de Bagua, pues en ninguno de los dos casos  los nativos son dueños de lo que debería ser suyo. El único matiz es que en Pandora no hay derecho de propiedad y en el Perú sí lo hay pero mal definido.

Para Cecilia en cambio, la propiedad privada sí admite limitaciones, excepcionales, por cierto, que justifican la expropiación. Estas excepciones no se restringen a la expropiación de bienes privados para la consecución de bienes públicos únicamente, que como las carreteras, no presentan rivalidades en el consumo y permiten un uso no excluyente. Cecilia entiende que cuando se crea propiedad privada la exclusividad no sólo es buena, sino que debe ser el principio. Sin embargo, admitir como única excepción al régimen absoluto de la propiedad privada las expropiaciones que proveerán de bienes públicos, o lo que es más grave, no admitir jamás las expropiaciones, conduciría a situaciones extremas, como la posibilidad de que el dueño de un terreno impida la construcción de una central de generación hidroeléctrica de 500 MW, en ejercicio legítimo de su derecho de propiedad, oponiéndose al establecimiento de servidumbres (incluso forzosas) que permitan la explotación de una estratégica caída de agua.

Claro, es fácil encontrar situaciones límite, como el caso de la Cordillera Escalera, en que el Tribunal Constitucional ha paralizado un enorme proyecto de exploración de hidrocarburos, autorizado por el propio Estado, para preservar zonas reservadas por su gran importancia medioambiental. Lo grave de esta situación no es tanto la “expropiación” del derecho a explorar, conferido previamente por el Estado, sino más bien el no pago de un justiprecio por los daños generados por el propio Estado al frustrado inversionista.

En síntesis, los autores de esta nota coinciden en que la falta o el defecto en la definición de titularidades (y de sus excepciones) convierte efectivamente el juego de un win-win a uno de suma cero, donde para ganar no hay que negociar con el otro, sino aplastarlo.

En el mundo real lo blanco y lo negro, el mal y el bien, no son creados por estereotipos, sino por reglas. “Buenas cercas hacen buenos vecinos”. Las reglas legales claras concilian la inversión con el bienestar. Avatar, vista de esa manera, puede transmitir significados muy distintos: los tiranos o los villanos no son los empresarios ni los nativos. El verdadero villano, el verdadero tirano, es la falta de reglas; y los verdaderos responsables son aquellos llamados a crear un verdadero estado de derecho, que han fracasado por décadas en el intento. Una pena que no sea fácil llenar una sala de cine contando la historia de esa manera.

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10 comentarios al artículo

Víctor Robles

Creo que la defenza de la propiedad no tiene porqué ser a punta de flchas, balas o huelgas. Sino debe hacerse por medios que no sean tan costosos como los de "hacer una guerra". El enfrentamiento cuesta y tuesta mucho, balas, organización, arrestos, heridos y muertos. ¿Por qué es que se enfretan entonces? justamente porque lo que se gana es mucho mayor a los costos. Los invasores ganan mucho con la fuente mineral que lo que cuesta el despliegue militar. Y los navi ganan mucho mas manteniendo la conexion con la naturaleza. Independiente mente del valor de la tierra, lo que se valora es qué se gana con "esa tierra" o "ese terreno". En caso particular de Bagua, lo importante no era que sea un territorio sagrado, sino que sus actividades cotidianas se daban en ese territorio (caza, vivienda... me atrevería adecir que tambien la tala ilegal es parte de sus actividades) y cuando va a llegar una empresa que tambien busca tener provecho de aquel territorio, esto afectaría a sus actividades: caza, ya que puede tener un impacto ambiental; la vivienda, puede que existan alguans rehubicaciones; la tala ilegal, ya que habría un mayor control. Entonces justamente los icnentivos económicos son los que generan que haya conflictos, y estos conflictos solo pueden ser solucionados a travez de leyes que definan que es tuyo y que es mio. Las guerras no lo deberían definir.

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Raul Alosilla Diaz

Tiendo a pensar que la película no revela una FALTA DE DERECHOS DE PROPIEDAD (como se dice en el post), sino es una película que expone la DEFENSA DE LA PROPIEDAD por parte de los Na´vi contra los invasores. Y eso está bien. Los invasores pueden ser grandes corporaciones (como en la película) y en ese sentido, éstas actúan como delincuentes al pretender apropiarse de lo que no es suyo bajo el pretexto del valioso mineral. Pero el invasor también puede ser el Estado. Y UNA CONJUNCIÓN DE AMBOS SON LAS CORPORACIONES DE LA MANO CON EL ESTADO. Precisamente este tipo de violaciones es lo que permite nuestro ordenamiento y es lo que desencadena los graves problemas con las comunidades campesinas. Es puro mercantilismo: la utilización del poder estatal para obtener beneficios privados (aunque en el discurso se proclame el interés público). Y muchos de los comentarios que he visto en este post apuntan a favor de este tipo de invasión: empresario y Estado que violentamente le quitan la propiedad a los nativos.
Algunos dirán: "Pero hay un justiprecio" Pues bien, el único justiprecio realmente justo es aquél que el vountariamente convenido. Si a los nativos se les preguntara si querrían recibir un justiprecio de S/. 10, y ellos no apceptan, es porque obviamente valoran su tierras ancestrales mucho más. ¿Y quiénes somos nosotros para desdeñar sus creencias? ¿Acaso nosostros mismos no utilizamos ingentes cantidades de recursos para financias nuestras creencias: iglesias, cementerios, etc.?
Stephan Kinsella ha indicado que Avatar es "GRANDE Y LIBERTARIA"
(http://blog.mises.org/archives/011295.asp). Creo que está en lo correcto.
Para un debate sobre EMINENT DOMAIN entre Walter Block y el -más conocido- Richard Epstein: http://mises.org/media/1231

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Sesudo post, me gustó el último comentario y también el de la función exponencial. Una vez oí que la invención del "derecho" se dio para establecer soluciones a las diferencias entre los seres humanos primitivos. Osea, lo que no podemos arreglar entre nosotros, que lo solucione la ley y todos acatamos.

La naturaleza es más clara: todo se soluciona, pero mediante la ley del más fuerte. En eso radica la evolución (aquí y en "otros mundos"). los más aptos sobreviven y en el mundo Pandora los sexuados bípedos con ojos al frente son la especie dominante. por la fuerza, lo cual se ve en muchas escenas de la película: ellos cazan, matan consumen, pero poquito.

Ahora tengo entendido que, incluso dentro de los pueblos indígenas de la amazonía peruana (para regresar aquí) existen reglas. Leyes. El juez es el más anciano y aquél resuelve los conflictos. Bueno, punto y aparte: quisiera compartir un punto de vista relacionado al tema de la función exponencial:

Lo que ocurre en nuestro mundo es que somos tantas personas y seguimos creciendo tanto que los recursos ya no serán suficientes para todos. Además el humano consume, genera residuos, los bota, y luego construye sobre ellos, osea una pila de m... ás residuos. Y lo hacemos sin contemplar el medio ambiente o las realidades de la humanidad en su conjunto, con total indolencia de lo q pasa en Africa, medio oriente, y para no ir tan lejos: aquicito nomás.

En cambio (para volver a Pandora) se tienen a estos seres mucho más grandes que los humanos (3m de alto) que consumen menos y son poquitos, ocupan menos espacios y cuentan con un aparentemente buen sistema de planificación familiar que mantiene un equilibrio con el medio ambiente y los aleja del desenfreno y la vorágine del consumo. Al menos eso vi yo.

Imaginen entonces entrar a otro mundo donde nunca hubo escasez debido al control y equilibrio logrado x sus habitantes y la especie dominante. Y por el otro lado vean a los humanos (quién dijo empresas? son los consumidores) con ganas de consumir y saquear minerales y seguir con la carrera hacia la nada. Cuando salí del cine la gente decía q habían visto un baguazo, ja. El tema es q lamentablemente creo en el modelo actual capitalista, pero puedo ver q dicho modelo va hacia el consumo total (osea kaputt). Como dijera Yves Montand: un hombre tiene que aprender a vivir con sus contradicciones...

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Star Miguel Galluccio

Cuando vi la pelicula, definitivamente me dejé atrapar por el mundo fantastico de Pandora, la conexion que uno siente ocn los personajes y deje llevarme por la emoción de ser uno de ellos. Caí en el efecto "Cohello", y no está mal dejarse llevar de vez en cuando, pero obviamente sin perder el análisis crítico o profundo de la situación. Y en mi caso, como abogado que soy (para bien y para mal), también tuve la misma sensación que los autores: este es un problema de propiedad! Y si se dan cuenta, la mayoría de películas de ciencia ficción de ese tipo se basa no solo en la falta del reconocimiento de la propiedad privada (razón por la cual dos grupos se pelean por un mismo bien, con consideraciones distintas), sino en la falta de un estado que tenga las mismas valoraciones que lleven a proteger un bien de tal o cual manera. Y esto es evidente porque es complicado que en un lugar donde hay dos grupos diametralmente distintos, exista un mismo estado. Veamos nomás como ocurrieron als cosas en nuestro propio mundo, cuántos años transcurrieron, cuántas guerras y sistemas políticos, para que existieran un orden estatal. No es tan fácil, pues, que el ser humano llegue a otro planeta y pretenda armar un estado, de acuerdo a su concepción, con reglas jurídicas que sabe que puede que a los habitantes de ese planeta no le hagan gracia (así como no lo sería para nosotros, si viene gente de afuera y nos propone lo mismo). Lo más sencillo -aunque no lo mejor ni lo deseable- es imponerse con la ley del más fuerte. Es la naturaleza humana. Ahora, si existieran seres de otro planeta con una tecnología superior, con mejores armas, y necesitaran algo de nuestro planeta, se impondrían ante nosotros? Tratarían de llegar a un acuerdo? Intentarñian armar un estado conjunto con nosotros? No lo sé, pero la esperanza de la caja de Pandora a la que se referían me hace desear que, en cierto sentido, tales seres no tengan la naturaleza humana del todo: no tengan ambiciones humanas, desmedidas, no necesiten del Derecho para regular sus conductas, no pidan un estado para funcionar. Porque si tuvieran Derecho, quien sabe, quizás su modelo de conductas sea también, para ellos, un mal necesario e imperfecto, y como tal, quizás no lo intenten aplicar porque no les conviene, porque les es más eficiente aplicar la fuerza.

En sistensis, derechos como propiedad funcionan para nosotros, seres humanos, de naturaleza huamana; pero me pregunto, ¿por qué debe funcionar también para seres no humanos, de naturaleza distinta?

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Adriana Mendoza

...aunque para el establishment la posesión también genera propiedad. Creo que la película más se asemeja a las invasiones y conquistas en las cuales no existía el incentivo para negociar y al final se imponía el derecho por la fuerza... Hubiera sido interesante que los terrícolas negociarán la conservación de la tierra como parte del equilibrio ecológico del universo con los pandoreños, situación que si sería un interes compartido, quizás eso se verá en Avatar 2.
Sin embargo, al escuchar la frase 'shock and awe' de Quaritch me recordó a la estrategia de Mr. Bush en Irak... Buen post.

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Omar Landauro

Creo que el enfoque de la perlicula por AB esta equivocado. Las "reglas claras" no existen, siempre van a ser impuestas por alguien que tiene un poder religioso o material. En un mundo de escases (que es el sustento de la economía) alguien tiene que perder, pero nos diran que la suma de los beneficios individuales compensa la perdida, lo cual no es mas que un juego de palabras.
No hay que perder de vista que la economía no es una "ciencia", dice que lo es, pero no es así. Esta se asimila más a una superstición. La lógica de la economía es la siguiente: "cada vez que se derriva un arbol, el PBI sube. Con cada vertido de crudo, el PBI sube. Cada vez que se diagnostica un cancer, el PBI sube. Pero si queremos salvarnos, los economistas tendrán que aprender a restar".
Alguna vez alguien se ha preguntado hasta cuánto puede subir un PBI. Algunos diran que no existe límites, pero ello es por no han tomado en cuenta que el PBI es un incremento exponencial, es decir, un % más de lo anterior.
"El gran fracaso del genero humano es nuestra incapacidad para comprender la función exponencial" Albert Barlet, físico.
"Todo hombre que piense que el crecimiento exponencial puede continuar indefinidamente en un mundo finito tiene que ser o un loco o un economista" Kenneth Boulding, economista.
En el link que adjunto pueden ver la similtud de la pelicula con la realidad. No se olviden cuando en la pelicula el marine dice: "estos eran los hombres que luchaban por la libertad. Ahora luchan por la corporación". Vean el video adjunto con detenimiento y sin prejuicio. A veces la realidad supera la ficción.

http://www.youtube.com/watch?v=oQMiP5buHCs&feature=email

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Javier Matos Flores-Guerra

Interesante post. Discrepo de la posición de AB en el sentido de que lo más eficiente sería que los dueños de la superficie sean al mismo tiempo los dueños del subsuelo, como sucede en algunos casos en ciertas jursidicciones regidas por el derecho Anglosajón.
Considero que existen 3 factores que en nuestro contexto hacen inviable lo propuesta de AB:
El primero argumento se basa en la gran atomización de la propiedad rural existente en el Perú, gracias a la Reforma Agraría un titular promedio de tierras en el Perú posee menos de 3 Ha. lo que eleva inmensamente los costos de transacción para el inversionista minero, quien se vería ante la necesaidad de desarrollar infinitas compras de tierra para desarrollar proyectos de gran envergadura.
El segundo argumento es que el Estado busca propiciar, con razón a mi parecer, la gran minería, por brindar ésta mejores garantías y seguridades en sus actividades de exploración y explotación, lo que incluye mejores practicas ambientales.
En tercer lugar, que puede ser la conjunción de los dos argumentos antes expuestos, ante la atomización de la propiedad que eleva inmensamente los costos de transacción y ante la preferencia por la gran minería, se torna necesario que la titularidad de la explotación de los recursos naturales sea centralizada y administrada a través del Estado.

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Luis Ghandi Rojas

La asignación y delimitación de los appropriation right hace eficiente el mercado, ademas que permite la negociacion como solución de externalidades. Good Bullard!

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Diego Castro

En el supuesto de que el Estado haga bien su trabajo y defina claramente las titularidades (y exepciones) qué sucederia??
Si no hubiera costos de transaccion entre el empresario y los nativos de Avatar no importa a quien se le otorgue el derecho, el resultado siempre será el mismo... se asignará el bien a quien lo valore más que el otro.
Pero, por qué creer que hay un sólo y único ordenamiento jurídico, el estatal, si bien éste es el único que trata de ser omnicomprensivo, en las sociedades modernas coexisten muchos ordenamientos jurídicos, en este caso, la empresa y la comunidad nativa, pero reducir todos estos ordenes jurídicos a uno sólo nunca va a conseguir solucionar el problema, porque siempre se pensaran las soluciones sólo desde ese enfoque mono-orden.
Cada ordenamiento jurídico particular creará sus productos normativos (de simples normas a complejas instituciones) desde su propia forma de ver el mundo y tratará de que éstas se cumplan o bien reforzando el discurso o usando mecanismos de violencia. Así, aún en el supuesto de que el Estado de Pandora hubiese defenido "perfectamente" las titularidades, si la retórica (forma de ver el mundo) de los nativos y la minera son diametralmente opuestas o muy distintas a la retorica del Estado, no importa como éste defina los derechos de propiedad, habrá un enfrentamiento de órdenes jurídicos que, como siempre ha sucedido, echaran mano de la violencia para salvaguadar sus retoricas y los productos normativos que de ellas se inspiran. Por lo tanto, o habrá "guerra" entre los nativos y la minera, entre la minera y el Estado o entre los nativos y el Estado (incluso entre ambos y el Estado). Por eso la solución no debe pasar simplemente por poner reglas claras por parte del Estado, sino por que en esas reglas se recogan las retoricas de cada orden jurídico. Visto de esta forma, si las retóricas de las cuales se debe imbuir el Estado son opuestas, irremediablemente habrá un enfrentamiento.
Ahora, ¿ son las retóricas de las mineras y de los nativos opuestas?? es el Estado capaz de aprehender estas retóricas para crear sus productos normativos y así éstos se cumplan sin necesidad de recurir a la violencia???
Bueno, supongo que habria que hacer un estudio socio antro pologico, pero lo que si estoy seguro, NO BASTA CON REGLAS CLARAS POR PARTE DEL ESTADO que sólo se inspiren en la retorica del Estado y en su ILUSA idea de que sólo hay un orden juridico, el estatal.

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Muy de acuerdo con el artículo, aunque mi sensación cuando salí de la sala de cine, es que el público no se tragó la historia de Cameron, claro que el cine UVK del Ovalo Gutierrez no es representativo...lo que me lleva a relacionar derechos de propiedad con educación y cultura. Allí está el origen -¿o la causa?- del conflicto.
Saludos

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