Ahora que estamos todos impactados por el absurdo crimen de Walter Oyarce, víctima del fetichista culto a una camiseta, resulta muy oportuna la divulgación de un estudio que aborda el soslayado problema de la sexualidad y el maltrato por razones de género.
De acuerdo a la encuesta efectuada por Ipsos APOYO* por encargo de las ONG PromSex y Manuela Ramos, la extensión de la violencia contra la mujer es de una magnitud agobiante: dos de cada tres entrevistados conoce a alguna mujer que ha sido víctima de maltrato físico, una proporción similar a víctimas de maltrato sicológico y uno de cada tres a víctimas de maltrato sexual.
El hilo conductor entre el abuso contra las mujeres y el ambiente bélico que rodea al fútbol es la agresividad masculina que, por lo general, germina en infancias carentes de afecto o con frustraciones mal procesadas, bajo padres ausentes o abusadores, y que desemboca en una visión machista y de desprecio hacia los demás.
La trágica espectacularidad del crimen del estadio Monumental está permitiendo una valiosa discusión sobre medidas que se deben tomar para expulsar la violencia de las tribunas, pero no debe llevarnos a olvidar que la violencia es un fenómeno mucho más extendido. En el caso de la violencia contra la mujer en el Perú, por ejemplo, se calcula que mensualmente se cometen 12 “feminicidios”. Es decir, asesinatos de mujeres en manos de sus parejas, familiares o conocidos.
Sin llegar al extremo del crimen, la violencia física o psicológica en el hogar es uno de los problemas sociales más extendidos y, al mismo tiempo, más encubiertos. La mayoría de las mujeres no denuncia los maltratos recibidos y la principal justificación esgrimida es la protección de sus hijos. Lamentablemente, esta conducta lleva a los hijos a creer que el maltrato es normal y, por lo tanto, a reproducir conductas violentas en el futuro.
La investigación efectuada revela también que otro de los problemas que sufren muchas mujeres, empezando por las adolescentes, es el embarazo no deseado. De acuerdo a la encuesta, sólo en los niveles socioeconómicos A y B se practica eficazmente la planificación familiar. La mayoría de las mujeres de sectores populares no estaba buscando el embarazo la última vez que gestó. Ello no quiere decir que muchos embarazos involuntarios no puedan derivar luego en bebes bien recibidos por felices madres y padres de familia, pero desafortunadamente no siempre es así. Una prueba de ello es que cerca de la mitad de los entrevistados declara conocer a alguna mujer que ha abortado.
Más allá de las medidas represivas necesarias para protegernos de la violencia, es indispensable poner atención a la formación desde la niñez, para que jóvenes de ambos sexos aprendan a respetarse mutuamente, a protegerse para no producir embarazos no deseados, a denunciar y defenderse de los abusadores y a conformar familias afectuosas, que es el sustento de una cultura de paz.
*La encuesta se aplicó a 1,400 hombres y mujeres en cuatro ciudades del país por encargo de PromSex y Manuela Ramos para su estudio “Sexualidad, Reproducción y Desigualdades de Género”. Más información en http://www.ipsos-apoyo.com.pe/node/1143


un comentario al artículo
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No es sorprendente que sea la mujer -y no el hombre- la víctima del abuso físico, dado que usualmente es más débil que el hombre y ambos conviven en una sociedad violenta, donde "el imperio de la ley" suena a título de película más que a cualquier cosa que podamos encontrar en nuestro hábitat. Supongo que la "debilidad" femenina ha ido disminuyendo a medida que la mujer se ha ido independizando económicamente al ingresar al mercado de trabajo, pero podría bajar mucho más rápidamente con castigos ejemplares y campañas mediáticas que todavía no he visto. Sería interesante conocer cómo nos comparamos en este campo con otros países