Reflexiones sobre la globalización: a propósito de la Cumbre de Davos
“Globalization is often thought to produce a universalization of peace, since only in a peaceful world can trade and an interchange of ideas really flourish. But in practice, a globalization of goods, capital, and people often leads to a globalization of violence”
Harold James.
Estoy comenzando a leer un libro que promete ser un excelente acompañante por estos días: “The Creation and Destruction of Value: The Globalization Cycle” de Harold James (Harvard University Press, 2009), un libro que siguiendo una perspectiva histórica deja caer la visión del desarrollo pendular en el trayecto de milenios en las relaciones de la humanidad. Las reflexiones son interesantes en términos de lo que ha significado para el hombre la globalización, así como su tendencia cíclica a generar contragolpes y colapsos. Así, el concepto amplio de lo global es volátil e inestable, reflejándose en cambios en los flujos de capital, recursos, pero sobre todo, en la transferencias de ideas que reestructuran nuestras preferencias y valores.
La globalización, viéndolo así, se ha mostrado en diferentes momentos del desarrollo de la civilización, como un concepto vulnerable a las crisis económicas de las sociedades (imperios, reinos, organizaciones tribales, etc.) que ha llevado al cuestionamiento de los esquemas de funcionamiento que se daban por válidos, y luego cuesta mucho tiempo reconstruirlos. Es quizá bajo este marco que deberíamos entender la confusión actual reinante respecto al proceso globalizador. A comienzos del actual milenio, eran claramente más elevadas las voces de aquellos que pensaban que el proceso de intercambio y transferencia amplia de ideas era imparable, pero ello ha cambiado abruptamente después de 2008; y lo que ha sucedido hace pocos días en la Cumbre de Davos es una muestra del ciclo que se empieza a vivir. Varias cosas a resaltar al respecto que manifiestan cambios:
El primero está referido al liderazgo del debate. En la Cumbre de Davos, los delegados de las principales potencias occidentales, denotaban abatimiento y sus discursos dejaban trascender tonos de duda, confusión, y temor respecto a los impulsos globalizadores de hace sólo un par de años. La ponencia del presidente francés Nicolás Sarkozy fue quizá el más gráfico de esta situación, pues si bien intentaba plantear como retomar el camino, dejó entrever señales de inclinarse hacia perspectivas más de tono proteccionistas, además de criticar con fuerza a los sistemas financieros. Adicionalmente, fue interesante ver que la mayoría de los representantes del primer mundo resaltaron, casi con envidia, la fortaleza económica de los países emergentes como China e India.
En segundo lugar, se observa un deterioro marcado entre la alianza Estados Unidos y Europa a favor de una mayor apertura. Esta situación parece estar más del lado de los norteamericanos quienes han venido dando muestras de tener interés en darle prioridad a la agenda China y la de otros países emergentes, respecto a los temas europeos. Recientemente ha habido algunas señales, como por ejemplo la actitud del gobierno norteamericano de cerrar acuerdos con China e India en el tema del cambio climático, dejando de lado a las propuestas del viejo continente, y recientemente la suspensión de la visita del presidente Barack Obama a España para la renovación de la presidencia europea.
En un tercer plano, se observa de manera más clara un rechazo a los esquemas de apertura pasados. Es más que evidente las actitudes y posturas nacionalistas, con limitaciones a los flujos de migrantes y con cuestionamiento al libre movimiento de capitales y de bienes. Llamó muchísimo la atención que una eminencia económica como Larry Summers (ahora miembro del equipo económico de Obama) mostrara un compromiso bastante particular con el libre comercio, apuntando que ya Paul Samuelson decía que el caso de la apertura comercial no podría aplicar cuando los países comercian con otros que persiguen tácticas mercantilistas, con clara alusión a China.
En cuarto lugar, en esta cumbre de Davos, se observó a los países emergentes dando claros mensajes a favor de la globalización, con ganas de salir a competir con los gigantes desarrollados. No solamente ello, invocaban a los países del primer mundo a que no se doblegaran y que continuaran impulsando el libre comercio. Una situación que años atrás hubiera sido difícil si quiera imaginar.
No sabemos exactamente que se dirá en la próxima cumbre de Davos, pero creo que no debemos perder de vista la visión cíclica del desarrollo humano. Lo que estamos viviendo ahora es sólo un punto en una larga línea del tiempo.


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