Tuesta

La letra pequeña

Como se transmite y como se entiende la información de los productos financieros es un problema de fondo en la regulación global. De hecho la reciente crisis trajo a la arena casos dramáticos sobre personas que argüían desconocimiento sobre el detalle de los productos financieros que adquirieron, y que al final coadyuvó a su deterioro patrimonial. Se suele atribuir a la “letra pequeña” (una manera de referirse a la poca información o transparencia de los mercados financieros) como la causante de estas situaciones.

Detrás de ello podemos identificar dos problemas de fondo que condicionan el funcionamiento de los mercados financieros: la educación y la información. El primer punto es quizá uno de los aspectos más áridos, dada la complejidad de determinados productos financieros, que requieren un conocimiento mínimo de conceptos teóricos, lo cual puede colocarnos en posición desventajosa en el momento de interactuar en el mercado, tomando decisiones que quizá involucraban una valoración de riesgos más profunda.

Dado lo anterior, el segundo condicionante reside no en el nivel de educación, sino en estar enterados  de las opciones existentes –digamos, por lo menos de aquellas que pueden ser fáciles de entender. Por ejemplo, posiblemente sólo se tenga conocimiento de determinados servicios financieros sobre los que se toma decisión, y no de la existencia de otros más ventajosos; también puede ser que la información que esté circulando no sea la más relevante para tomar acción; o en su defecto, puede ser que se perciba al mercado como poco dinámico, cuando en realidad sí lo es, lo que condiciona la indiferencia del agente.

Para la solución de estas fallas de información en el mercado, la literatura aboga por la intervención de un regulador en dos frentes. Por un lado, que este tenga por objetivo hacer que la información existente esté a disposición de los agentes económicos. En otro plano, estar al lado del consumidor para ayudarlo a tomar la mejor información posible. Es decir, una especie de “big brother”, con diferentes matices de compromiso que dependen del marco institucional existente.

Si bien este rol del regulador es importante, a veces se puede pecar en el error de no intentar solucionar las fallas existentes, por considerarlas de imposible solución. Y eso es lo que se piensa de la educación financiera, cuando creo que puede cumplir un rol central en el futuro si se trabaja bien. De hecho varios organismos multilaterales e instituciones privadas tienen entre sus líneas centrales de trabajo esta problemática. El tema evidentemente tiene varios pilares y dinámicas de desarrollo, pero en general implica considerar aspectos estructurales de las realidades que se quieran abordar.

Uno de los temas que de alguna manera condiciona la aproximación de los programas de educación financiera es el tema de la curva de aprendizaje. Se entiende que trabajando temas de educación financieras en el currículo escolar se irá ayudando en el largo plazo a mejorar la comprensión de estos aspectos. Pero qué hacemos con las personas adultas. Algunos de los trabajos que estuve revisando (Welford, 1993) señala que los 20 años es el punto de inflexión en el cual la curva de aprendizaje (algunos lo llaman la disminución de la inteligencia) empieza a declinar, o, para decirlo de alguna manera, empieza a ser más selectivo con sus temas de aprendizaje. En general, hay una discusión amplia respecto a lo que significa esta disminución. Algunos autores (Rogoff y Gardner, 1984) indican que en realidad es la capacidad de memorizar la que cambia. Sea como fuere, implica que a partir de cierta edad la aproximación educativa en temas financieros tiene que ser muy bien trabajada.

Intentar educar financieramente a una persona adulta, por ejemplo de 44 años como yo, sobre cómo elegir su plan de pensiones, puede serle de poco interés, de acuerdo con algunos trabajos experimentales (Saliterman y Sheckley, 2004), sino observa que ello será relevante para sus necesidades reales. Ante ello, sin embargo, existe evidencia respecto a que esto puede cambiar si se desarrollan programas educativos que se involucren en los problemas reales que afecten directamente el bolsillo de la persona. Muestran los estudios que asesorías, seminarios, capacitaciones a la población, con estas características, han brindado mejoras ostensibles en la capacidad de elegir, y en el bienestar de los grupos analizados.

En resumen, el problema de la “letra pequeña” requiere acciones no sólo al estilo “big brother”, sino también de acciones que permitan mejorar las condiciones de los potenciales clientes financieros. Lo que se debe buscar es que paulatinamente el consumidor vaya tomando la capacidad de elegir de una manera realmente informada.

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2 comentarios al artículo

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Un saludo para mi tocayo, y que siga con esta columna que acabo de agregar a mis favoritos.
Estamos de acuerdo que no hay una cultura financiera y esto de los seguros como dice wilfredo a cualquiera lo puede hacer sentir como un engaño. En mi caso, lo entendí, hasta que lleve un curso de seguros y me explicaron que hay tipos de seguro en donde lo más común es que te cubra cierto porcentaje. Bueno, creo que el estado debería preocuparse por educar a las personas a que se interesen más por aprender y que exista paginas web donde se explique los temas de forma práctica y didáctico. Cuando uno va a comprar, por ejemplo un vehiculo, una casa, deberían indicarte todo lo necesario, ser transparentes y así el usuario tendrá la posibilidad de discernir y tomar una buena decisión.

Missing

Lo de toda la vida, contratos en letras minúsculas, palabras que muy pocos las entienden y los que pueden entender se aburren de leer tanta información confusa y en su mayor parte intrascendente.
Por qué no ponen cosas muy concretas, resumidas, relevantes y entendibles para el usuario promedio, lógicamente las instituciones crediticias no la hacen porque de esa maraña de letras pequeñitas confunden y te hacen firmar todo, con ventaja para ellos.
Firmé un crédito vehícular con seguro y todo, la verdad fueron más de 20 hojas que tenía que leer y tratar de comprender términos jurídicos con leyes y demás enredos, que al final y después de haber comprado el vehículo me dicen que en caso
de siniestro total solo reconocen el 80 % del costo del mismo.
Eso es un abuso que parece que nadie tiene competencia para resolver, o los que tienen que ver con esto sencillamente viven
bien con las comisiones o lobby, para que sea legal.
Estamos jodidos con el poder económico que se come al poder político...y después se asombran por la aparicion de personas o grupos que quieren resolver sus injusticias con la violencia.

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