Artículo originalmente publicado en DEBATE N°111, setiembre-octubre 2000

A pesar de que Internet no forma parte de la cotidianidad de la mayor parte de peruanos –considerados analfabetos virtuales debido a sus limitaciones para acceder a la informática–, su incontenible avance ha cambiado el estilo de vida de millones de personas de todo el orbe. Sus posibilidades, sin embargo, no dejan de sorprendernos. En su informe, el comunicador Javier Baca aborda el controvertido tema del arte apreciado en pantalla.
El mouse se apodera de tu mano y la obliga a hacer doble click. Tus ojos miran asombrados –a pesar de que lo has hecho muchas veces– cómo frente a ellos se abre “La red”. Internet, el conocido sistema de información mundial, abarca hoy casi todos los aspectos de nuestras vidas. En algún momento se pensó que sería la nueva biblioteca universal, pero poco a poco se ha convertido en tienda por departamentos, cine, refugio de melómanos, lugar de encuentros románticos, de proselitismo neonazi... sus posibilidades son casi infinitas.
“La red” ha incorporado en su lógica una de las manifestaciones humanas más sacralizadas: el arte. Se ha multiplicado la cantidad de galerías y exposiciones virtuales de pintores reconocidos. “Vivimos una época en la que casi toda la información se traslada a Internet; esto representa una oportunidad importante para que los artistas tengan presencia en el ciberespacio”, afirma Víctor Vera, responsable de la galería virtual de la Universidad de Lima.
Los museos virtuales
El consumo de arte en Internet cuestiona la relación entre el artista, la obra y el espectador. El sentimiento al ver una obra de arte en un museo, ¿podrá ser el mismo que se genere al verla en una pantalla líquida?
Ramiro Llona es tajante en afirmar que la sensación que se genera al contemplar una obra concreta jamás se logrará viendo un monitor de computadora y ni siquiera una reproducción extraordinaria en un libro. “Hay algo que sucede en el encuentro físico con ésta que es absolutamente irremplazable. Tiene que ver con el modo en que el cuerpo del espectador y el del autor se ubican en el espacio de la obra”, afirma.
Del mismo modo, Óscar Luna Victoria, profesor universitario de estética, afirma que una cosa es una impresión gráfica y otra la materialidad de la obra: el color, la luminosidad. “Internet te da una visión plana, tipográfica de la imagen, pero obvia lo otro, todo el sentido de la textura, de la piel de la pintura”.
La textura que menciona Luna Victoria es una de las limitaciones más importantes del soporte tecnológico. Las pantallas de computadora aún no la tienen y por lo tanto no generan la sensación táctil de los materiales tradicionales.
Podemos trasladar la misma problemática a la literatura. “Estar frente a una pantalla de luz leyendo En busca del tiempo perdido, que tiene 14 tomos, es completamente irreal. Además, una de las cosas importantes de un libro es la posibilidad de volver cinco páginas atrás para confrontar una información que se acaba de leer”, menciona Fernando de Szyszlo, quien, además, descarta cualquier posibilidad de relación afectiva entre una pintura en Internet y el usuario.
Entonces, ¿qué ventaja presenta Internet? ¿Qué explica el interés de los creadores de páginas web en conformar estas galerías y el de los artistas en que sus obras aparezcan en ellas? Difusión. Vera explica que no se trata de emular o pretender suplantar el soporte original de las pinturas. “La galería virtual es una versión adaptada al medio de Internet. Simplemente quisimos crear un espacio cultural para difundir obras de artistas reconocidos y acercarlos a quienes no tienen la posibilidad de apreciarlas directamente”.
De Szyszlo expuso varias de sus obras en esta galería virtual. “La obra de arte expuesta en Internet tiene una capacidad de difusión inusitada porque puede llegar a millones. Nadie va a comprar un cuadro importante a través de este medio, pero sí le sirve como dato”, afirma. En esto concuerda con Llona, para quien esta forma de difusión es un medio de masificar, instruir y despertar curiosidad, “pero no nos engañemos ni por un segundo pensando que es un sustituto”.
La presencia del arte en Internet parece, entonces, clara: es una herramienta de difusión que tiene alcances impresionantes, pero la emoción artística queda minimizada con relación a la totalidad de la obra.
Una pincelada de realidad
Por falta de apoyo a la cultura, limitaciones económicas o de infraestructura, nuestra sociedad no ha podido gozar aún de una exposición de obras de Van Gogh, Dalí o Klimt, por mencionar algunos nombres. Internet –cuyo acceso es limitado para la mayoría de peruanos, por cierto– cumple la misma función que los libros de historia del arte o los catálogos: tener datos de una obra artística que probablemente jamás podremos ver.
“En nuestro país, la gente se está acostumbrando a no tener un museo de arte moderno, a pensar, más que en la obra de un pintor, en la historia de su vida o en las reproducciones de catálogos”, afirma Luna Victoria.
Este problema se agrava si pensamos que los futuros artistas de nuestro país no pueden contar con el referente directo que requiere su formación. “La difusión por Internet y la obra real no tienen por qué ser excluyentes una de otra. A mí me tortura la idea de que un joven que estudia en Bellas Artes no pueda ver un cuadro de Cezanne nunca; es como si fueras poeta y no pudieras leer a Eliot”, reclama Llona.
“Ahí está el caso de Humareda. Los colores que vemos en su obra nos advierten que él vio una serie de catálogos que le gustaron. Si hubiera vivido en París habría apreciado más esas texturas o realizado una reproducción exacta de lo que admiraba. Pero lo que admiraba no eran cuadros sino impresiones y aunque eso no le quita ningún valor a su obra, nos pone al tanto de que nuestra cultura es de catálogos”, ejemplifica Luna Victoria.
Si la reproducción de una obra en Internet queda desvirtuada de los sentimientos que genera el original es porque los espectadores están habituados a otro tipo de consumo artístico y porque “La red” reproduce obras cuyo soporte es una materialidad distinta. Sin embargo, la explotación de las posibilidades de una computadora como herramienta estética independiente se halla aún en su etapa primitiva.
El nuevo arte
El avance tecnológico abre las puertas a una nueva forma de emoción artística. “Cuando hace unos 20 años descubrí la computadora, me metí a ver qué podía hacer en materia de dibujo o de diseño. Me di cuenta de que las posibilidades del medio técnico son tan importantes y fascinantes que al comienzo uno se queda en la envoltura”, confiesa De Szyszlo.
¿De qué manera el soporte tecnológico, que parece tan frío, puede crear nuevas sensibilidades? “Las limitaciones son momentáneas, explica Luna Victoria. Dentro de 50 años habrá otro tipo de conductas respecto a la imagen; estaremos más acostumbrados a lo virtual que a lo natural, que pasará a ser lo antiguo”.
Esto, que parece ficción, se presenta como una certera afirmación si consideramos que el sentimiento es algo intrínseco a la condición humana, es decir, está siempre ahí. Lo que cambia son los medios para estimularlo. Antes fueron las pinturas rupestres, luego las piedras, el óleo, el vídeo. Cuando lo que impresionaba del cine era ver movimiento en una pantalla plana, nadie imaginó que éste podría convertirse en el séptimo arte.
Por tanto, no se trata de que el mundo mediático del futuro –al que nos encaminamos sin aparente reparo– vaya a generar o reconstruir los sentimientos, sino que, lo que afectará al ser humano, será otro tipo de materialidad.
Vera sugiere que, si cuentan con los softwares adecuados, los artistas pueden ya desarrollar algunas técnicas que les permitirán generar piezas artísticas creadas desde los píxeles para el soporte tecnológico y que serán ampliamente difundidas a través del Internet. Así, el objeto artístico ya no será el lienzo sino la pantalla.
Szyszlo plantea, además, que a diferencia del poeta cuyo instrumento, el lenguaje, está ya creado, el artista plástico debe tener la habilidad de crear el color que ha imaginado o soñado. Si consideramos la cantidad de colores que están registrados en la computadora y la cantidad de combinaciones que se pueden realizar, podemos afirmar que la naturaleza –como imagen– está almacenada en un disco duro. “Seguramente en el futuro, cuando el hombre esté tan acostumbrado al manejo de esa técnica –la tecnología– que no se detenga en ella sino que vaya más allá, habrá grandes artistas que pinten en computadora porque lo que hay a disposición es fabuloso... más de dos millones de colores”, apunta el pintor.
Luna Victoria sostiene, al respecto, una posición que a muchos les puede parecer controvertida: “La tecnología va a ser el soporte artístico que desplace a los demás pues no hay arte sin mediación”.
Estamos, pues, en la era arqueológica del nuevo arte. Sin embargo, cabe preguntarse si esas nuevas sensibilidades no serán aprehendidas exclusivamente por quienes tengan la capacidad económica para seguir la rapidez con la que las tecnologías progresan.
(Foto: InfoAndina)


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