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¿Hemos aprendido? (1/6). La docencia: primera tarea

Artículo originalmente publicado en DEBATE N°115, junio-julio 2002.

En el 2002, DEBATE convocó a un grupo de especialistas para que, desde diferentes áreas problemáticas, abordaran la problemática de la educación.

 

La docencia: primera tarea

La mayoría de especialistas considera que éste es el punto neurálgico del problema 

Severo Cuba

¿Qué han hecho todos los gobiernos para que nuestros hijos tengan buenos profesores? Esta pregunta, repetida una y otra vez por madres y padres de familia, lleva la carga de una denuncia: hay una ausencia de políticas que garanticen a nuestra población estudiantil una docencia de alto nivel profesional. Además, identifica que son los conductores de la política educativa quienes tienen dicha responsabilidad.

Las experiencias de reforma educativa en la región han mostrado que la viabilidad de los posibles cambios depende de la manera en que se atiende la cuestión docente. Y la intuición de las familias (que hemos recogido en muchas conversaciones con padres y madres en las escuelas del cono sur) nos puede dar pistas para encarar este entuerto. Ellos son conscientes de que se debe establecer políticas realistas y efectivas para el magisterio, pero hay algo que, sin embargo, omiten: no hablan de sí mismos, no se sienten actores en el propio aprendizaje de sus niños. Ciertamente muchas normas hablan de la participación de las familias en la educación. No obstante, éstas, por un problema del mismo sistema, no tienen lugar importante en la institución educativa y su mirada no ha sido incorporada aún al diagnóstico de la educación, es desestimada en la toma de decisiones. Atender la cuestión docente es un reto complejo que compromete la actuación concertada del Estado, de las familias y de la misma comunidad profesional, involucra políticas específicas para el magisterio y exige cambios en la estructura y la cultura del sistema educativo. Sin embargo, antes de emprender cualquier iniciativa, es necesario plantearse una pregunta: ¿quiénes son esos maestros?

 

Perfil del educador

En 1997, Paiba y Palacios afirmaban que "la mayoría de los que estudian la carrera docente proviene de familias pobres. El 43% de jóvenes pertenece a familias con ingresos bajos y un 34% a familias con ingresos medios bajos (...), un 83% procede de centros educativos estatales". En un estudio del año 2000, Díaz y Saavedra encontraban que, sobre una muestra de estudiantes de pedagogía, "la gran mayoría proviene de estratos económicos medios o bajos. Asimismo, se encuentra que un porcentaje bajo de los estudiantes de docencia egresaron de colegios privados, que en general tienden a ser de mayor calidad que los públicos, y una proporción importante son migrantes".

Hay insuficiencias en la entrada del itinerario formativo de los maestros, tanto por su extracción social como por su experiencia escolar. Pero también después, ya que la pertenencia del magisterio al estrato de los bajos ingresos se mantiene a lo largo de la propia carrera docente. Esto se relaciona con el escenario económico y social de las mayorías de este país, fruto de decisiones políticas, de las articulaciones entre el Estado y las fuerzas económicas y sociales y del grado de conquista de la ciudadanía. Tenemos el magisterio que el país ha podido construir desde sus condiciones y capacidades sociales. No es homogéneo: como el mismo Perú está marcado por la diversidad de las culturas locales, la fascinación tecnológica y el consumo de los productos de la industria cultural. Tiene carencias: encontrar cómo atenderlas es tarea clave. Sin embargo, esperamos que, como algunos grupos de docentes con iniciativas, tengan la capacidad de mejorar y transformar el sistema educativo en el cual se han formado y del que han recibido tan pocos recursos.

Pero, ¿podrá el magisterio, en solitario, resolver la cuestión docente? No. El problema es parte de la agenda del desarrollo social del país. En este contexto es vital incorporar el "mirar" y el "hacer" de esta sociedad que, queremos creer, está sacando enseñanzas de los signos recurrentes de barbarie que padecimos durante la última década y revalorizando la construcción de reales ciudadanos.

La docencia, en este escenario global, podrá, en primer lugar, reflexionar sus saberes como el resultado de la vida social y valorar sus recursos culturales, psicológicos y afectivos, afirmando así la construcción de su identidad docente. En segundo lugar, cada maestro podrá plantear su profesión con referencia a los procesos sociales que enmarcan su ejercicio en el aula y en la escuela. Esto supone la superación de una concepción que entendía la carrera magisterial como un ejercicio limitado a un quehacer instrumental que opera con contenidos no pensados por el docente. Ahora éste sabrá que para educar tendrá que pensar la sociedad. En la medida en que lo haga podrá atender mejor las dificultades del proceso formativo de sus estudiantes, interesarse y dialogar con las familias para hacer sinergia con las posibilidades educativas y la riqueza cultural de éstas, aportar desde lo pedagógico a procesos de desarrollo comunitario. Allí donde ha practicado esto, el maestro es mirado de otra manera, fortalece su presencia en el imaginario social de su entorno y teje alianzas alrededor de la educación y de su propio desarrollo profesional y personal.

 

Cambios para una nueva docencia

Elsa es directora de una escuela primaria en la alta loma de un barrio de Lima. Al llegar a su trabajo cada mañana observa los verdes jardines que ha cultivado junto a los alumnos de su colegio, los baños llenos de macetas y provistos de papel higiénico "porque es una cuestión de dignidad". Ha logrado formar un grupo docente con un alto nivel de identidad profesional e institucional –muchos de sus miembros han sido seleccionados por Elsa y una comisión de madres y docentes– y junto a ellos ha logrado darle a la población una escuela que, considerando las dificultades del contexto, brinda una educación de calidad. Es decir, describe el comportamiento arriba señalado. Como ella, otros educadores desarrollan un buen trabajo profesional. Sin embargo, es poco lo que, en términos de evolución personal, les ofrece la carrera magisterial.

Actualmente el recorrido público de los docentes se sostiene en la estabilidad y el ascenso por antigüedad, aun cuando éste no signifique una diferenciación salarial importante. En general, este sistema no está pensado para recompensar el desarrollo y los logros obtenidos en el ejercicio profesional. Se trata de un itinerario plano en términos de crecimiento e ingresos. Los mayores atractivos resultan ser la estabilidad y la jornada corta. Ello contribuye a que, por un lado, un sector importante de profesores vea en la docencia un ingreso bajo, pero permanente, y también a que, por otro, quienes desarrollan iniciativas no encuentren respuestas positivas.

El reto es establecer otro itinerario. En ese sentido los temas que estarán en discusión deberán ser: 1. La docencia entendida como una profesión con autonomía intelectual y moral. 2. La incorporación de mecanismos y prácticas de evaluación del trabajo docente en el contexto de una cultura de evaluación y rendición de cuentas en todos los niveles del sistema. 3. La vinculación nítida entre la estabilidad docente y el desempeño. 4. La diversificación de las líneas de carrera a fin de que ésta no signifique un recorrido del salón de clases al cargo administrativo, sino que el trabajo en el aula, la gestión pedagógica y la gestión educativa sean líneas paralelas de desarrollo. 5. El ascenso no deberá estar regido por la antigüedad, sino por la calidad del desempeño. Se espera que la diferenciación salarial entre niveles jerárquicos sea significativa.

Hay que agregar a estos puntos la necesidad de un conjunto de cambios en la gestión del sistema, tanto en el nivel estructural como en el cultural. En el primer ámbito, incorporando una instancia de participación que permita integrar esfuerzos y recursos, instalar prácticas de veeduría social y de rendición de cuentas. En el segundo es menester hacer retroceder la corrupción, la cultura jerárquica y los hábitos burocráticos que obstaculizan las iniciativas docentes. También será necesario, en el marco de la afirmación de la autonomía escolar, flexibilizar el funcionamiento de las escuelas a fin de facilitar los procesos participativos y de reflexión del trabajo pedagógico.

 

El reto

Actualmente nos encontramos en un período de replanteamiento del contrato social del país. Es un tiempo propicio para que la educación y particularmente la docencia ocupen la preocupación de una agenda pública que se aboca ahora a la reforma constitucional y al debate en torno a la descentralización. ¿Cuál es el reto que se abre para nosotros?

Hay docentes que esperan poco o nada de sus estudiantes. Otros, sin embargo, constantemente se preguntan "¿por qué mis alumnos no aprenden si hago lo mejor por enseñarles?". Son éstos los que quieren ayudar a sus estudiantes a aprender, creen en ellos y se saben responsables de sus progresos. Necesitamos que estos buenos docentes puedan encontrar respuestas a sus preguntas. El Estado, las familias y todos los actores de la sociedad somos responsables de generar las condiciones necesarias para que así sea. Mientras esto no ocurra, nuestros niños seguirán perdiendo oportunidades de crecimiento. Se trata de una deuda impostergable con ellos.

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