Basombrio

Conflictos de poderes

Siempre hay fricciones entres los distintos poderes del Estado, pero en las últimas semanas se han convertido en parte importante del paisaje político nacional.

El más notorio ha sido el habido entre el Congreso y el Poder Judicial por el acceso a los archivos de los chuponeadores. La comisión Luizar reclama acceso a la información que tiene la jueza obtenida de las computadoras de Bussiness Track y ésta se niega a entregarla. Las malas lenguas dicen que se debe a que estos involucran, también, a jueces prominentes. El presidente del Poder Judicial se ha plantado en sus trece en defensa de la decisión de la magistrada en aras de la reserva del proceso. Los congresistas han amenazado con denunciarla.

Otro conflicto  importante es el que enfrenta al Ministerio Público con el Poder Ejecutivo, debido a la norma propuesta por el segundo, para que los fiscales sólo puedan actuar en supuestos delitos cometidos por los militares en el VRAE, luego de que reciban un informe de una comisión de expertos nombrada por el Ejecutivo, para que analice lo ocurrido. No sería vinculante, pero la Fiscalía de la Nación señala que se invade sus fueros y se crea privilegios. 

Uno tercero es el que enfrenta al Poder Judicial y al Tribunal Constitucional en un tema conceptual y no coyuntural, a saber, quién debiera ejercer el control constitucional. Los jueces quieren que no haya TC y que esas funciones sean asumidas por una sala de la Suprema. El tono del debate con insultos de alto calibre (“el Poder  Judicial es una cueva de ladrones”  según el vicepresidente del TC) le han dado notoriedad al asunto.

Otro conflicto es el que enfrenta al Poder Judicial con el Ejecutivo por los sueldos de los trabajadores administrativos judiciales. Como nunca antes se ha visto, el propio presidente del Poder Judicial ha salido arengar en la calle a una ruidosa manifestación de trabajadores de su sector en huelga, diciéndoles que los apoyaba y que la culpa la tiene le MEF.

Todos estos conflictos son sin duda síntoma de una democracia que no logra aún madurez y que, de escalar, pueden llegar a ser un problema más importante de lo que son hoy. Pero, a la vez, tienen un lado positivo de afirmación de la indispensable separación de poderes, la que cuando llega a ser real,  no deja de generar tensión y hasta conflicto.

 

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