En el mundo comercial hay dos tipos de productos. Los que han sido creados en el “laboratorio” de alguna corporación con un fin netamente lucrativo (lo cual no tiene nada de malo) y los que son el resultado de una iniciativa que busca además de un objetivo económico, la realización personal de uno o más individuos.
Lo curioso es que inclusive aquellos que hoy son el entregable de alguna multinacional, ya sea una llanta o una gaseosa, probablemente en su origen fueron el resultado de un reto personal. Alguna genialidad de un romántico emprendedor que tuvo la perseverancia necesaria para ver realizado su sueño.
Hace dos fines de semana tuve la suerte de viajar en el Delfín. Un fantástico crucero creado para proporcionar una experiencia única a sus pasajeros, recorriendo la reserva del Pacaya Samiria en la Amazonía. Había leído ya algunos reportajes que lograron capturar mi atención y de hecho me esperaba el altísimo nivel de las instalaciones y la comida, hasta que finalmente conocí a Lissy y todo lo que vino después comenzó a encajar. Junto a su esposo Aldo se embarcaron en este emprendimiento hace cuatro años y en los últimos meses han inaugurado su segundo barco. Pueden haber muchos secretos en el mundo del marketing, pero hay uno que se repite detrás de varias historias de éxito. Desarrollar un producto que te apasione y que represente más que una cantidad determinada de dólares invertidos.
En El Delfín hay muchos detalles que como diría Master Card, el dinero no puede comprar. La sonrisa y la simpatía de su tripulación no se consiguen con dinero y probablemente sea el elemento clave que logra integrar de un modo natural al grupo de veintipico turistas que suelen navegar a la vez. Los permanentes detalles con los que los huéspedes son sorprendidos no están en ningún manual de hotelería, son parte de la creatividad y el cariño que los dueños le ponen a su trabajo. Y por su puesto la selva hace lo suyo, pero no lo haría tan bien si alguien no se hubiera tomado el trabajo de hacer el tour cientos de veces hasta encontrar los rincones más deslumbrantes y dosificarlos para que toda la experiencia sea un “in crescendo”.
Pueden surgir muchos cruceros similares y todos contribuirán a desarrollar este fascinante destino, pero El Delfín tiene un alma producto de la relación que hay entre los dueños y él. Un alma que se reencarna luego en la relación que cada pasajero desarrolla con el mismo barco.
Al igual que El Delfín, muchos productos han sido guiados por la pasión de sus dueños. La Virgin de Richard Branson, la Apple de Steve Jobs y por que no decirlo, los supermercados Wong de la exitosa familia peruana.
Mi suegra ama a Wong igual o más que los mismos dueños y quienes usamos las computadoras de Apple, amamos nuestros equipos como probablemente el señor Jobs también lo haga. ¿Será que la pasión que estos señores les ponen al desarrollo de su producto luego nos ata a éstos de la misma manera?
A continuación les puse un videíto casero de mi experiencia en El Delfín. NO ES UN COMERCIAL, sólo algunas tomas que edité en mi computadora y que probablemente signifiquen más para mí que para ustedes , pero de todos modos allí va.


3 comentarios al artículo
La verdad viajar en el Delfín es una experiencia única. No solo por el barco en sí, sino por la belleza de la Amazonía, el contacto con la gente y la naturaleza y lo agradable que es viajar en un barco donde se esmeran en brindarte la mejor atención.
Saludos
muy buen post, sin lugar a duda el delfin refleja el alma de sus dueños, esa cosa que te hace querer regresar a disfrutarlo.
pd: me dieron ganas de viajar y conocer. :)
Ricardo te felicito por este post. Nos recuerda que las cosas simples de la vida son la esencia de nuestra experiencia y existencia.
Veo varios elementos que juegan a ganador en este emprendimiento, por un lado como bien señalas el tema de ponerle "pasión" al esmero y creatividad le da la cuota de "excelencia" en el servicio, muy importante hoy en día que todo tiende a "commoditizarse". Otro punto a destacar es que seguramente han pasado muchas horas de "insight" pero de una manera sencilla y apelando al sentido común en detectar todos aquellos elementos que contribuyen a darle valor a su propuesta comercial, en definitiva convertir en una experiencia de vida el producto/servicio entregado a los clientes.
Finalmente podría agregar que son concientes que esta calidad de servicio va generar un marketing de "boca a oreja" muy efectivo para esta categoría de turismo vivencial.